| SOMOS MUCHOS | |
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En algunos aspectos, el modo de comportarse los países ricos y poderosos es lamentable y bochornoso. Sí, por ahí van el pensamiento y los diseños del primer mundo. Europa y América, los occidentales que viven engreídos en su riqueza y en el poder que esta les da, se dan cuenta de que, a la hora de poner la mesa en el mundo, hay muchos comensales dispuestos a compartir el pan. Temen que tantas bocas abiertas terminen por disminuir su abundancia o quizás que tantas manos vacías acaben por ensuciar sus manteles. Y toman medidas. ¿Que somos muchos? Pues, seamos menos. Y, ni cortos ni perezosos, toman un camino degradante para el ser humano. Para que nadie pueda desposeerles de su confort deciden proponer, con todo tipo de medios, campañas para impedir la fecundación, esterilizar mujeres y hombres y, en último término por ahora, abortar. Como les pesan los bolsillos, acallan el grito de su conciencia dando de lo que les sobra; ofrecen migajas que llaman ayudas económicas y técnicas a los países pobres, ¡eso sí!, a condición de que en las familias se implante un control de natalidad para tener los menos hijos posibles. Esto huele a podredumbre ¿verdad?. La solución a los problemas demográficos y del hambre en el mundo ha de contemplarse a través de un prisma que tenga encanto de hombre aunque sea más sacrificado, más lento, menos simplista... pero más noble. "La problemática demográfica constituye hoy un capítulo importante de la política sobre la vida. Las autoridades públicas tienen ciertamente la responsabilidad de intervenir para orientar la demografía de la población; pero estas iniciativas deben siempre presuponer y respetar la responsabilidad primaria e inalienable de los esposos y de las familias, y no pueden recurrir a métodos no respetuosos de la persona y de sus derechos fundamentales, comenzando por el derecho a la vida de todo ser humano inocente. Por tanto, es moralmente inaceptable que, para regular la natalidad, se favorezca o se imponga el uso de medios como la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Los caminos para resolver el problema demográfico son otros: los Gobiernos y las distintas instituciones internacionales deben mirar ante todo a la creación de las condiciones económicas, sociales, médico-sanitarias y culturales que permitan a los esposos tomar sus opciones procreativas con plena libertad y con verdadera responsabilidad; deben además esforzarse en aumentar los medios y distribuir con mayor justicia la riqueza para que todos puedan participar equitativamente de los bienes de la creación. Hay que buscar soluciones a nivel mundial, instaurando una verdadera economía de comunión y de participación de bienes, tanto en el orden internacional como nacional. Este es el único camino que respeta la dignidad de las personas y de las familias, además de ser el auténtico patrimonio cultural de los pueblos" (Evangelium Vitae, nº 91).
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