EL REZO

¿Qué puedo hacer yo? Se lo puede preguntar una madre de familia que pasa las horas en su casa y entre los suyos, un anciano colgado del bastón, el jubilado del parque, la oficinista que por ocho horas teclea cada día el ordenador y el profesional que resuelve sus negocios. Al ver los graves asuntos planteados actualmente a nivel mundial sobre la vida del hombre, las praxis contrarias tan extendidas y lo arraigado del mal, cabe el peligro de abrir una puerta al desaliento. Se corre el riesgo de caer en el desconsuelo y exclamar:" no hay remedio... cada día peor... imposible".

El Papa, Maestro, enseña que la esperanza viene por un camino quizás olvidado: El rezo. Esa cosa tan necesaria que deriva de la fe en Dios. El rezo que debe ser habitual, diario, insistente y confiado. El rezo que mueve el corazón del Padre Todopoderoso. "A grandes males, grandes remedios". Justa proporción. Cuanto más desorientación y perversidad, mayor es la urgencia de clamar a Dios. Las situaciones tan lejanas al querer divino y tan extendidas por el mundo, como si fuesen una marea nefasta que pretenda acabar con la vida del hombre, tendrán un tratamiento adecuado con el empleo de los medios poderosos y eficaces que nos dejó el Señor.

"En este gran esfuerzo por una nueva cultura de la vida estamos sostenidos y animados por la confianza de quien sabe que el Evangelio de la vida, como el Reino de Dios, crece y produce sus frutos abundantes (cf. Mc 4,26-29). Es ciertamente enorme la desproporción que existe entre los medios, numerosos y potentes, con que cuentan quienes trabajan al servicio de la cultura de la muerte y los de que disponen los promotores de una cultura de la vida y del amor. Pero nosotros sabemos que podemos confiar en la ayuda de Dios, para quien nada es imposible (cf. Mt 19-26).

Con esta profunda certeza , y movido por la firme solicitud por cada hombre y mujer, repito hoy a todos cuanto he dicho a las familias comprometidas en sus difíciles tareas en medio de las insidias que las amenazan: es urgente una gran oración por la vida, que abarque al mundo entero. Que desde cada comunidad cristiana, desde cada grupo o asociación, desde cada familia y desde el corazón de cada creyente, con iniciativas extraordinarias y con la oración habitual, se eleve una súplica apasionada a Dios, Creador y amante de la vida. Jesús mismo nos ha mostrado con su ejemplo que la oración y el ayuno son las armas principales y más eficaces contra las fuerzas del mal (cf. Mt 4,1-11) y ha enseñado a sus discípulos que algunos demonios sólo se expulsan de este modo (cf. Mc 9,29). Por tanto, tengamos la humildad y la valentía de orar y ayunar para conseguir que la fuerza que viene de lo alto haga caer los muros del engaño y de la mentira, que esconden a los ojos de tantos hermanos y hermanas nuestros la naturaleza perversa de comportamientos y de leyes hostiles a la vida, y abra sus corazones a propósitos e intenciones inspirados en la civilización de la vida y del amor". (Encíclica EVANGELIUM VITAE, nº 10)