| PERIODISMO | |
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El hombre, se mueve por ideas. La conducta de una persona, hasta en sus últimas manifestaciones, depende del substrato de su pensamiento. Y también sucede lo contrario: el comportamiento habitual de un ser humano le obstaculiza para pensar en otra dirección. Es la fuerza de la virtud y del vicio. Casi se podría decir que son pocos los hombres que manejan el mundo: los pensantes. Después vienen los divulgadores de las ideas, es decir, los que ponen al servicio del comensal el manjar en el plato. Aquí entra en juego el amplio y complejo mundo de la televisión, prensa, radio y las variadísimas publicaciones. La nobleza de la profesión periodística reside en ser el vehículo de transmisión de un mensaje verdadero y no sólo útil, pragmático y oportunista. Y esta es su gran responsabilidad porque crean opinión, hacen ambiente e inciden en un determinado modo de actuar. Importa mucho que los telespectadores, los radioyentes y los lectores reciban la verdad que les facilite ser más hombres. Los medios de comunicación social, para
ser verdaderamente humanos, deberían estar dispuestos a la difusión de una Cultura para
la vida. Ellos están llamados especialmente a construir un mundo en paz. A veces no es
así: el proceder de estos medios está regido con frecuencia por las leyes de la
competencia y, en el fondo, por el afán de lucro. "Grande y grave es la responsabilidad de los responsables de los medios de comunicación social, llamados a trabajar para que la transmisión eficaz de los mensajes contribuya a la cultura de la vida. Deben, por tanto, presentar ejemplos de vida elevados y nobles, dando espacios a testimonios positivos y a veces heroicos de amor al hombre; proponiendo con gran respeto los valores de la sexualidad y del amor, sin enmascarar lo que deshonra y envilece la dignidad del hombre. En la lectura de la realidad, deben negarse a poner de relieve lo que pueda insinuar o acrecentar sentimientos o actitudes de indiferencia, desprecio o rechazo ante la vida. En la escrupulosa fidelidad a la verdad de los hechos, están llamados a conjugar al mismo tiempo la libertad de información, el respeto a cada persona y un sentido profundo de humanidad". (Encíclica EVANGELIUM VITAE, nº 98.)
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