| NO ESCLAVOS | |
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El dominio del hombre por otro hombre, la antigua esclavitud gracias a Dios abolida, ha sido sustituida por otras formas actuales no menos cruentas: Los homicidios de cualquier género, los genocidios, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende a la dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida, los encarcelamientos arbitrarios, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; también las condiciones ignominiosas de trabajo en las que los obreros son tratados como meros instrumentos de lucro, no como personas libres y responsables; todas estas cosas y otras semejantes son ciertamente oprobios que, al corromper la civilización humana, deshonran más a quienes lo s practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador. Estamos inmersos en una aventura
apasionante que es como un mar sin orillas. Todo un reto para la Iglesia: padres, hijos,
abuelos, mayores jóvenes y pequeños, intelectuales y técnicos, artistas, políticos y
sociólogos, curas, obispos y madres de familia. Llevar al mundo el Evangelio de la Vida.
Transmitir a la sociedad entera el convencimiento de que toda vida humana es sagrada: el
no nacido aún, el enfermo, el minusválido, el anciano llevan el sello de Dios a quien
únicamente pertenecen, valen por lo que son y no por lo que aportan. Valen toda la sangre
de Cristo Redentor. "En síntesis, podemos decir que el cambio cultural deseado aquí exige a todos el valor de asumir un nuevo estilo de vida que se manifieste en poner como fundamento de las decisiones concretas -a nivel personal, familiar, social e internacional- la justa escala de valores: la primacía del ser sobre el tener, de la persona sobre las cosas. Este nuevo estilo de vida implica también pasar de la indiferencia al interés por el otro y del rechazo a su acogida: los demás no son contrincantes de quienes hay que defenderse, sino hermanos y hermanas con quienes se ha de ser solidarios; hay que amarlos por sí mismos; nos enriquecen con su misma presencia". (Encíclica EVANGELIUM VITAE, nº 98.)
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