NO COFUNDIR

Sí. Hay todavía gente que piensa poco. Afirman que, cuando uno dice sí al matrimonio de uno con una y para siempre, se está hablando con categorías cristianas. Sí. Algún que otro despistado todavía alega en nuestros días que, cuando se dice sí a la vida desde el momento de la concepción, se trata de un asunto de religión. Sí. Aún hoy, en los tiempos que corren, algunos sostienen que, al dar el sí a la sexualidad recta -en donde no quepan la masturbación, las relaciones sexuales extramatrimoniales, ni las prematrimoniales-, que eso es cosa de católicos. La sencilla y simple verdad es que todo esto está al mismo nivel humano que no robar, no matar, no mentir, no tratar mal a los padres, no drogarse, no ser envidioso o no hacerse cómplice de la descarada desvergüenza de quien calumnia.

Al afirmar los ecologistas que la conservación del medio ambiente es cosa de todos, tienen su razón. Y cuando los pacifistas proclaman que todos debemos tomar la opción por la paz, no se equivocan. Que se pronuncie un definitivo sí a la vida plenamente humana ¿va a ser cosa que interese sólo a unos cuántos, a un grupo, a los católicos?

¡De todos y para todos es el Evangelio de la vida!

"La revelación del Evangelio de la vida se nos da como un bien que hemos de comunicar a todos: para que todos los hombres estén en comunión con nosotros y con la Trinidad (cf. 1 Jn 1,3). No podremos tener alegría plena si no comunicásemos este Evangelio a los demás, si sólo lo guardamos para nosotros mismos.

El Evangelio de la vida no es exclusivamente para los creyentes: es para todos. El tema de la vida y de su defensa y promoción no es prerrogativa única de los cristianos. Aunque de la fe recibe luz y fuerza extraordinarias, pertenece a toda conciencia humana que aspira a la verdad y está atenta y preocupada por la suerte de la humanidad. En la vida hay seguramente un valor sagrado y religioso, pero de ningún modo interpela sólo a los creyentes: en efecto, se trata de un valor que cada ser humano puede comprender también a la luz de la razón y que, por tanto, afecta necesariamente a todos. Por esto, nuestra acción de pueblo de la vida para la vida debe ser interpretada de modo justo y acogida con simpatía. Cuando la Iglesia declara que el respeto incondicional del derecho a la vida de toda persona inocente -desde la concepción a su muerte natural- es uno de los pilares sobre los que se basa toda sociedad civil, quiere simplemente Un promover un Estado humano. Estado que reconozca como su deber primario, la defensa de los derechos fundamentales de la persona humana, especialmente de la más débil". (Encíclica EVANGELIUM VITAE, Nº 101)