| MUNDO SANITARIO | |
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Es tan importante el mundo de la sanidad... Cumpliendo su misión, el Papa intenta suscitar en la Iglesia, en los individuos, en las familias y en la sociedad civil el reconocimiento del valor de la vida humana, su importancia en cualquier momento y circunstancia y su sentido trascendente. Son muchas y muy diferentes las situaciones por las que el hombre puede pasar desde el momento de la concepción hasta que Dios dispone de la vida de cada uno. Y no siempre se ofrecen soluciones prácticas que respeten la dignidad del hombre. Depende de las filosofías y antropologías. Algunos de los remedios a los problemas que el ser humano padece son netamente contrarios a la verdad sobre el hombre porque se apoyan en unos presupuestos materialistas cegados a toda trascendencia. Cuando a lo largo de la historia se han dado esos supuestos, siempre la Iglesia ha intervenido como experta en humanidad, saliendo al paso de las desviaciones, errores y aberraciones que han puesto en peligro tanto la noción como la misma supervivencia del ser humano. Hoy también pasamos por unos momentos -ni únicos, ni nuevos, ni defintivos- en los que peligra el respeto a la dignidad de todos los hombres, sobre todo, cuando unas situaciones de precariedad afectan a la vida, al entorno, al bienestar físico o material de las personas; baste pensar en la problemática del aborto, de la eutanasia o del suicidio. De nuevo, la Iglesia hace oír su voz para contribuir a poner las cosas en su sitio con respecto al valor intocable de la vida de cada ser humano. Y tiene tanto que ver en ese campo el mundo de la sanidad que la encíclica Evangelium Vitae, que repetidamente venimos exponiendo, dedica diferentes párrafos a esta noble profesión. Transcribo uno de ellos. "Estas estructuras y centros de servicio a la vida, y todas las demás iniciativas de apoyo y solidaridad que las circunstancias puedan aconsejar según los casos, tienen necesidad de ser animadas por personas generosamente disponibles y profundamente conscientes de lo fundamental que es el Evangelio de la vida para el bien del individuo y de la sociedad. Es peculiar la responsabilidad confiada a todo el personal sanitario: médicos, farmacéuticos, enfermeros, capellanes, religiosos y religiosas, personal administrativo y voluntarios. Su profesión les exige ser custodios y servidores de la vida humana. En el contexto cultural y social actual, en que la ciencia y la medicina corren el peligro de perder su dimensión ética original, ellos pueden estar a veces fuertemente tentados de convertirse en manipuladores de la vida o incluso en agentes de la muerte. Ante esta tentación, su responsabilidad ha crecido hoy enormemente y encuentra su inspiración más profunda y su apoyo más fuerte precisamente en la intrínseca e imprescindible dimensión ética de la profesión sanitaria, como ya reconocía el antiguo y siempre actual juramento de Hipócrates, según el cual se exige a cada médico el compromiso de respetar absolutamente la vida humana y su carácter sagrado". (Evangelium Vitae, nº89)
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