| LIBERTAD | |
|
|
|
|
Grito de los hombres y de los pueblos. En todas las culturas, en todas las épocas. Es como un hambre insaciable porque corresponde al ser humano para que pueda serlo. Sin ella seríamos una cosa, un pelele sin alma, un monigote. Hoy que tanto traemos y llevamos esta palabra porque queremos un mundo sin dictaduras, una tierra en la que el hombre lo sea de verdad, conviene resaltar su contenido ya que en su nombre están teniendo lugar las mayores tiranías y injusticias que conoce la historia. Con frecuencia se da una confusión terrible: reducir la libertad a hacer lo que quiero o realizar lo que me gusta. Propiamente la libertad consiste en elegir voluntariamente el bien, lo que objetivamente es bueno, la verdad. Lo contrario, elegir lo que en sí mismo es malo se llama libertinaje, abuso de libertad. Es lo que hace el terrorista cuando explota su coche bomba, o el padre de familia que se emborracha, o el novio que abusa de su encantadora novia, o el esposo infiel, o la esposa que toma anticonceptivos, o el estudiante que disfruta de la vida suspendiendo, etc. Todos hacen lo que quieren, pero no eligen voluntariamente lo que les conviene como lo que son. Por eso no andan en la verdad. Así venimos a la conclusión de que quien voluntariamente adapta su conducta a lo que Dios ha manifestado, mandando o prohibiendo algo para bien del hombre, ése es libre; quien no lo hace, quiere el mal, usa mal de su libertad. ¡Qué mala cosa es vivir sin Dios! "No menos decisivo en la formación de la conciencia es el descubrimiento del vínculo constitutivo entre la libertad y la verdad. Como he repetido otras veces, separar la libertad de la verdad objetiva hace imposible fundamentar los derechos de la persona sobre una sólida base racional y pone premisas para que se afirme en la sociedad el arbitrio ingobernable de los individuos y el totalitarismo del poder público causante de la muerte. Es esencial pues que el hombre reconozca la evidencia original de su condición de criatura, que recibe de Dios el ser y la vida como don y tarea. Sólo admitiendo esta dependencia innata en su ser, el hombre puede desarrollar plenamente su libertad y su vida y, al mismo tiempo, respetar en profundidad la vida y libertad de las demás personas. Aquí se manifiesta ante todo que el punto central de toda cultura lo ocupa la actitud que el hombre asume ante el misterio más grande: el misterio de Dios. Cuando se niega a Dios y se vive como si no existiera, o no se toman en cuenta sus mandamientos, se acaba fácilmente por negar o comprometer también la dignidad de la persona humana y el carácter inviolable de la vida". (Encíclica EVANGELIUM VITAE nº 96.)
|