FEMINISMO

Es la condición de la mujer, ser humano peculiar. Como el hombre, el otro ser humano peculiar. Ambos modos de ser con el mismo origen, la misma dignidad, y el mismo fin dados por Dios.

Si se llegara a concebir el feminismo como el machismo de las mujeres habríamos multiplicado los males por dos. No salgo de mi asombro y entro en mi indignación, cuando veo, leo y oigo a algunas feministas reivindicar como derecho algo abominable y malo para toda la sociedad. Parece que hay un intento aberrante y enfermizo en nuestra cultura que lleva a gran número de mujeres a procurar ser como el hombre cuando biológicamente, psicológicamente y espiritualmente esto no es posible. Y lo malo es que para conseguirlo presentan una visión reduccionista en la que se da como polo potente de atracción el sexo. Así, reducen frívolamente el movimiento feminista a la reivindicación del divorcio, el sexo libre. los anticonceptivos, el aborto y no tener hijos; luego añaden, para quitar grima, unos aspectos laborales.

Diré sí a un feminismo que pida a la sociedad una justa retribución salarial, sí a que las mujeres tengan acceso a los puestos de trabajo y de dirección, sí al derecho a su formación profesional, cultural y artística, sí a que no sean consideradas jamás como objetos de placer, sí a que no se vean violentadas a soportar ningún tipo de acoso sexual ni por parte de los varones, ni por parte de los mass media, ni siquiera por sus propios esposos en las relaciones conyugales... y ADEMÁS diré siempre sí a un feminismo que pida reconocimiento para el trabajo de la mujer en el hogar como esposa y madre y que no minusvalore la maternidad, que sea consciente de que la mujer es portadora de un mensaje humanizante de la sociedad y sus estructuras que ella, mejor dotada que el hombre por su peculiaridad de mujer, por el hecho de su maternidad, por el contacto, amparo y protección con la vida del hombre desde su inicio, puede realizar. Con su sensibilidad sabrá humanizar el arte, el trabajo, la política, la economía y la investigación.

"En el cambio cultural en favor de la vida las mujeres tienen un campo de pensamiento y de acción singular y sin duda determinante: les corresponde ser promotoras de un nuevo feminismo que, sin caer en la tentación de seguir modelos machistas, sepa reconocer y expresar el verdadero espíritu femenino en todas las manifestaciones de la convivencia ciudadana, trabajando por la superación de toda forma de discriminación, de violencia, de explotación.


Recordando las palabras del mensaje conclusivo del Concilio Vaticano II, dirijo también yo a las mujeres una llamada apremiante: Reconciliad a los hombres con la vida. Vosotras estáis llamadas a testimoniar el significado del amor auténtico, de aquel don de uno mismo y de la acogida del otro que se realizan de modo específico en la relación conyugal, pero que deben ser el alma de cualquier relación interpersonal. La experiencia de la maternidad favorece en vosotras una aguda sensibilidad hacia las demás personas y, al mismo tiempo, os confiere una misión particular: La maternidad conlleva una comunión especial con el misterio de la vida que madura en el seno de la mujer...Este modo único contacto con el nuevo hombre que se está formando crea a su vez una actitud hacia el hombre -no sólo hacia el propio hijo, sino hacia el hombre en general-, que caracteriza profundamente toda la personalidad de la mujer. En efecto, la madre acoge y lleva consigo a otro ser, le permite crecer en su seno, le ofrece el espacio necesario, respetándolo en su alteridad. Así, la mujer percibe y enseña que las relaciones humanas son auténticas si se abren a la acogida de la otra persona, reconocida y amada por la dignidad que tiene por el hecho de ser persona y no de otros factores, como la utilidad, la fuerza, la inteligencia, la belleza o la salud. Esta es la aportación fundamental que la Iglesia y la humanidad esperan de las mujeres. Y es la premisa insustituible para un auténtico cambio social".
(Encíclica EVANGELIUM VITAE nº 99.)