| LA ESCUELA | |
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La labor de un centro educativo y de su personal docente debe abarcar algo más que impartir el conocimiento de las matemáticas, ciencias naturales, lengua e idiomas. El alumnado joven está a la espera de recibir los apoyos que necesita para ser más hombre, para crecer en humanidad. Y eso se le da cuando se le pone en contacto con la verdad acerca de Dios, de la vida, del hombre y de las cosas. La enseñanza de la Religión, y todo lo que conlleva de conocimientos y actitudes prácticas, está pasando, debido a la malicia de unos cuantos y a la inoperancia de muchos, por una situación decadente. Se le pone a esta materia todo género de trabas y dificultades. Algunos llegan a considerar que es materia poco necesaria; sí, que no importa demasiado proveer a los niños y jóvenes de un bagaje de conocimientos sagrados que les capacite en el presente y futuro a tomar postura frente a los temas que le hagan ser hombres y mujeres íntegros y puedan construir un futuro verdaderamente humano. Quienes dificultan la enseñanza de la Religión en los centros docentes, buenos conocedores de la influencia definitiva que tiene la enseñanza en edad temprana, son quienes han promovido en la misma escuela campañas nacionales perversas en lo que se refiere a la sexualidad. Pienso ahora en la escandalosa campaña de los preservativos que tiempo atrás sufrimos. Cosas como ésta llevan al desprecio de la vida naciente. Formar al hombre en su integridad comporta prepararle en el dominio de sí y en el servicio al amor. La sexualidad sólo es recta cuando capacita para amar. ¡Escuela! Las actitudes religiosas y
morales no son despreciables! "A la formación de la conciencia está vinculada estrechamente la labor educativa, que ayuda al hombre a ser cada vez más hombre, lo introduce siempre más profundamente en la verdad, lo orienta hacia un respeto creciente por la vida, lo forma en las justas relaciones entre las personas. En particular, es necesario educar en el valor de la vida comenzando por sus mismas raíces. Es una ilusión pensar que se puede construir una verdadera cultura de la vida humana, si no se ayuda a los jóvenes a comprender y vivir la sexualidad, el amor y toda la existencia según su verdadero significado y su íntima correlación. La sexualidad, riqueza de toda la persona, manifiesta su significado íntimo al llevar a la persona hacia el don de sí misma en el amor. La banalización de la sexualidad es uno de los factores principales que están en la raíz del desprecio por la vida naciente: sólo un amor verdadero sabe custodiar la vida. Por tanto, no se nos puede eximir de ofrecer sobre todo a los adolescentes y a los jóvenes la auténtica educación de la sexualidad y del amor, una educación que implica la formación de la castidad, como virtud que favorece la madurez de la persona y la capacita para respetar el significado esponsal del cuerpo". (Encíclica EVANGELIUM VITAE, nº97.)
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